Ese sueño se ha materializado en una cadena hotelera, Inkaterra, que emplea a unas 500 personas, la mayoría de ellas oriundas de las zonas en las que operan (Macchu Pichu, el Amazonas y Cusco); además de una ONG que funciona con el mismo nombre y que desde 2001 se encarga de gestionar recursos y liderar proyectos de investigación que buscan la identificación y conservación de los ecosistemas propios del Perú.
Un sueño hecho realidad
Cuando estaba en el colegio La Inmaculada, guiado por monjes Jesuitas, Koechlin comenzó a recorrer el país en medio de las situaciones más precarias. “Nos llevaban a las provincias y allí no había facilidades de alojamiento o electricidad” recuerda, mientras evoca los primeros años de su vida transcurridos en Lima, la ciudad que lo vio nacer el miércoles 5 de diciembre de 1945.
Aunque optó por estudiar administración de empresas, los primeros pasos en la vida profesional de José se dieron en Madre de Dios, un departamento amazónico que lo impactó por tener 84.000 metros cuadrados y menos de 8.000 habitantes, además de una biodiversidad que desbordaba los límites de la imaginación de un citadino como él. Entre 1970 y 1973 se internó en la selva para participar en el rodaje de las cintas “Aguirre, la ira de Dios” y “Fitzcarraldo”, del productor alemán Werner Herzog, y posteriormente dar forma al sueño de su infancia: tener su propia empresa.
Fue así como en 1973, y aprovechando que la zona tenía poca infraestructura disponible para atender la demanda que conllevaba ser el segundo destino turístico más importante del Perú, nació Inkaterra. Así lo recuerda José: “Empezamos a recibir pasajeros en abril del 75, con el mismo grupo humano que había participado en las películas. Inmediatamente comenzamos a hacer un inventario de la biodiversidad y la Universidad Berkeley de California nos dio el aval de que la zona merecía ser estudiada”.
Productos bien definidos
Los ingresos generados por la actividad turística se reinvirtieron en actividades de identificación de especies, lo que a su vez permitió crear nuevos programas enfocados en la actividad ecoturística como avistamiento de aves, canopy, mariposarios, etc.
Dichas actividades van ligadas a la oferta de los hoteles, que están construidos de acuerdo con las características de la zona en la que operan. “Trabajamos un concepto auténtico desde el punto de vista arquitectónico, de materiales y en la decoración. Procuramos tener elementos que sean simples pero bien hechos, con los recursos de la zona e involucrando personal local”, explica mientras detalla que tienen, por ejemplo, más de 100 especies de orquídeas y otras flores conservadas en acrílico sólido como parte de la decoración de las propiedades.
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| Turismo que salva el planeta |
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José Koechlin ha dedicado los últimos 40 años de su vida a la conservaciónde la fauna y la flora del Perú, a través de un modelo de negocio en el que los ingresos para la investigación se derivan de la actividad turística.
por: Vanesa Restrepo B.
Ese sueño se ha materializado en una cadena hotelera, Inkaterra, que emplea a unas 500 personas, la mayoría de ellas oriundas de las zonas en las que operan (Macchu Pichu, el Amazonas y Cusco); además de una ONG que funciona con el mismo nombre y que desde 2001 se encarga de gestionar recursos y liderar proyectos de investigación que buscan la identificación y conservación de los ecosistemas propios del Perú.
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Un sueño hecho realidad
Cuando estaba en el colegio La Inmaculada, guiado por monjes Jesuitas, Koechlin comenzó a recorrer el país en medio de las situaciones más precarias. “Nos llevaban a las provincias y allí no había facilidades de alojamiento o electricidad” recuerda, mientras evoca los primeros años de su vida transcurridos en Lima, la ciudad que lo vio nacer el miércoles 5 de diciembre de 1945.
Aunque optó por estudiar administración de empresas, los primeros pasos en la vida profesional de José se dieron en Madre de Dios, un departamento amazónico que lo impactó por tener 84.000 metros cuadrados y menos de 8.000 habitantes, además de una biodiversidad que desbordaba los límites de la imaginación de un citadino como él. Entre 1970 y 1973 se internó en la selva para participar en el rodaje de las cintas “Aguirre, la ira de Dios” y “Fitzcarraldo”, del productor alemán Werner Herzog, y posteriormente dar forma al sueño de su infancia: tener su propia empresa.
Fue así como en 1973, y aprovechando que la zona tenía poca infraestructura disponible para atender la demanda que conllevaba ser el segundo destino turístico más importante del Perú, nació Inkaterra. Así lo recuerda José: “Empezamos a recibir pasajeros en abril del 75, con el mismo grupo humano que había participado en las películas. Inmediatamente comenzamos a hacer un inventario de la biodiversidad y la Universidad Berkeley de California nos dio el aval de que la zona merecía ser estudiada”.
Productos bien definidos
Los ingresos generados por la actividad turística se reinvirtieron en actividades de identificación de especies, lo que a su vez permitió crear nuevos programas enfocados en la actividad ecoturística como avistamiento de aves, canopy, mariposarios, etc.
Dichas actividades van ligadas a la oferta de los hoteles, que están construidos de acuerdo con las características de la zona en la que operan. “Trabajamos un concepto auténtico desde el punto de vista arquitectónico, de materiales y en la decoración. Procuramos tener elementos que sean simples pero bien hechos, con los recursos de la zona e involucrando personal local”, explica mientras detalla que tienen, por ejemplo, más de 100 especies de orquídeas y otras flores conservadas en acrílico sólido como parte de la decoración de las propiedades.
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